sábado, 3 de noviembre de 2007

CUENTOMANCIA...

Este es el resultado de un proyecto con el apoyo del CONACULTA y el FOESCAP en su versión 2006. Un agradecimiento a Enrique Pimentel por su apoyo.
Y por si alguien se anima a una lectura del Tarot, nomás llámenme.

VI. Los Enamorados


El Marqués despierta. Entra su esposa que recorre las cortinas; la luz matutina disipa la oscuridad. Esta es la primera mañana que pasan juntos, después de su boda del día anterior. Ella prende un incienso, se desnuda y se mete entre las sábanas. El Marqués extraña a su madre cuando entraba en las mañanas con el desayuno en una charola que dejaba a un lado de la cama. La voz de su esposa lo saca de su recuerdo: “te amaré como nadie lo ha hecho”, susurra la nueva marquesa. Él piensa que ninguna otra mujer lo amará como su madre lo ha hecho; pero entre las piernas tibias de su esposa, empieza a dudarlo.

XIIII. La Templanza


–Agua, mi Dios –clama un monje anciano perdido en el desierto.
Desde el horizonte, llega caminando a su lado un ángel mugroso. Trae la túnica manchada y las alas polvosas.
–Me enviaron en tu ayuda, ¿cómo te puedo bendecir?
–Dame agua, por favor.
En ángel se aplaca sus cabellos enredados. Aparece dos jarros que, al acercar y separar las sendas bocas, hacen brotar hilos de agua hasta llenar un jarrón. Pero el monje recuerda sus conocimientos, sabe que a los ángeles los cubre un fulgor que no tiene quien se presenta ante él. El monje presiente un engaño de El Maligno.
–Ahora, bebe esta agua si quieres salvarte –dice rascándose una nalga.
–No; eres un demonio. ¿Dónde está tu aureola, dónde está tu brillo y tu pureza?
–¿Quieres ver mi pureza?
–Sí, quiero verla.
A la respuesta, el ángel bebe un sorbo de agua. El monje contempla una luz acrisolada bañando al ángel bello, al tiempo que escucha sublimes coros entonando salmos al Creador.
–En verdad eres un ser celestial. Beberé el agua –dice, pero al empinarse el jarro, se da cuenta que está vacío.
–Lo siento –dice el ángel ascendiendo al cielo–, me enviaron a cumplirte sólo una petición.

XV. El Diablo



Después de la muerte, su destino eran las llamas infernales. Despertó su alma en la caverna con el retumbar de unos pasos. Estaba desnudo y atado con una cuerda por el cuello. Recordó su antiguo pacto: el cambio de su alma por el amor de Lady Ana Gold. De ente las sombras apareció El Gran Cornudo.
–Te di lo que me pediste –la caverna se llenó de su bramido–, reclamo lo que tú me prometiste.
Con sus garras tomó la cuerda y la arrojó en una fosa ardiente. Al golpearse entre rocas, alzó doloroso la vista y en una hoguera se retorcía su amada.
–Perdóname Ana– gritó arrepentido.
–Perdóname tú– se lamentó ella–. Cambié mi alma por tu amor
.

-:- El Loco


Acompañado de su perro cobrizo, el Bufón Real habla con los lobos, los ciervos y las aves cantoras del bosque. Juega con ellos y los alimenta con el pan que carga en su fardel. Al recostarse en los prados, conversa con los árboles y el viento. Corre risueño sobre las aguas del lago y los peces chapotean a sus pies. Al elevarse al cielo, montado en una nube, despierta.
Se asoma por la torre vieja del castillo. Ve a los ladrones salir por las ventanas con sus cuchillos ensangrentados, a los violadores ultrajar niños en los callejones, a los briagos golpear a las prostitutas, y a los cruzados afilar sus armas para ir a la guerra. A un lado, su perro mordisquea una cabeza de cerdo descarnada.
–Fue un sueño –suspiró–. ¡Qué bueno que no estoy loco!